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FRA JOSEP SERRA, PRIOR DE SANT JERONI DE LA VALL D’HEBRON

 

EL PRIOR DELS SETGES DE BARCELONA DE LA GUERRA DELS NOU ANYS I DE LA GUERRA DE SUCCESSIÓ.

Interessat des de fa molts anys per l’impacte que els diferents setges soferts per la ciutat de Barcelona van tenir sobre la seva població civil, vaig participar fa uns anys en l’organització d’una exposició específica sobre els setges, així com en un cicle de conferències relatiu als seus efectes, ambdues, en el marc de la Biblioteca de Catalunya(1). Fou d’aquesta manera que em vaig topar amb la figura eminent del Príncep Georg Von Hessen-Darmstadt, conegut popularment a casa nostra com el Príncep Jordi(2).

Rastrejant les seves escadusseres dades biogràfiques, vaig conèixer el seu origen i el seu trist fi. Mort a l’inici de la guerra de Successió, fou enterrat l’any 1705, a l’antic convent de la Mare de Déu de Gràcia i Sant Josep, vox populi, Els Josepets. L’admiració que sentien els catalans pel príncep Jordi s’inicià arran del seu paper com a veritable defensor de la ciutat de Barcelona l’any 1697. La seva actuació heroica durant el setge del mariscal Vendôme, li va suposar també un gran reconeixement a la cort de Madrid, cosa que el portà per especial desig reial a ser nomenat virrei de Catalunya. El darrer virrei a Catalunya de la casa d’Habsburg.

Un dels millors documents per conèixer el que va passar durant el setge de l’any 1697, fet d’armes que es va produir en el marc de la confrontació europea de la guerra dels Nou Anys, és EL CODERN DE LA RELASIÓ DEL SITI DE BARCELONA TINGUT EN LO ANY 1697 DEL DR. GASPAR MAS Y MONTAGUT(3). Dissortadament, aquest diari del fets parla molt poc dels efectes que el setge va comportar extramurs de la ciutat i, molt menys encara, dels danys patits pel monestir de Sant Jeroni de la Vall d’Hebron, objecte del nostre interès immediat.

Aquest magnífic document ens fa adonar de la gran importància que el setge de l’estiu de l’any 1697 tingué en l’ànim dels barcelonesos, i explicaria en part la predisposició favorable vers la causa austriacista per part dels catalans de principis del segle XVIII i l’animadversió vers tot el que sonava a francès. L’actuació de les tropes borbòniques fou pròpia dels qui aplicaven sense escrúpols el dret de conquesta i per tant es van permetre el luxe de cometre tot un seguit d’excessos, com no s’havia conegut abans, almenys des de la guerra dels segadors.

La troballa accidental, excepcional, del document custodiat actualment a la Biblioteca de Catalunya, MEMORIAL QUE SE HA ENTREGADO A LOS JUECES SUBDELEGADOS DE LA SANTA CRUZADA DE BARCELONA POR PARTE DEL PADRE PRIOR DEL REAL CONVENTO DE SAN GERONIMO DE VAL DE HEBRON DE TODO LO QUE LOS FRENSESSES SE LES LLEVARON EN LOS TRES SACOS DIERON EN DICHO CONVENTO...(4) fa que coneguem ara de primera ma els efectes que el setge de 1697 va suposar per al convent de Sant Jeroni de la Vall d’Hebron.

En aquest Memorial, en el qual es parla dels objectes sostrets a les diferents dependències del monestir, signat sempre pel responsable de la dependència i simultàniament pel pare prior, trobem per primer cop el nom d’aquest darrer, Josep Sierra. Òbviament, es tracta d’una castellanització del cognom, com de manera evident he pogut confirmar.

El Pare fra Juan Nuñez, autor de la Quinta Parte de la Historia de la Orden de San Gerónimo (1676-1777)(5) ens aportà la seva pista definitiva, en els diversos capítols dedicats als prohoms que ha donat la casa de Sant Jeroni de la Vall d’Hebron. En concret en el Capítol XIV del seu llibre segon. Siguen las buenas memorias de otros siervos de Dios del mismo Real Monasterio de Vall de Hebrón. El personatge en qüestió es tractava, sense cap mena de dubte, del pare fr. Josep Serra.

Aquest insigne monjo que va ser escollit en diverses ocasions com a prior del monestir, cosa que pressuposa un reconeixement implícit de la seva vàlua per part de la comunitat monàstica, va patir els efectes de la guerra dels nou anys però, també els de la guerra de Successió.

Coneixedors ara del sac de l’any 1697, no teníem constància de quin impacte devia sofrir Sant Jeroni de la Vall d’Hebron en el setge de Barcelona de l’any 1714. El pare Juan Nuñez, quan fa aquesta petita biografia del prior Josep Serra, ens aporta una primera aproximació als efectes del setge de 1713/1714, si ens podem desprendre de les floritures retòriques de santedat barroca que embolcallen el personatge descrit. Malgrat tot, considero que aquesta petita biografia serà de l’interès dels lectors del nostre bloc, en especial pel  detall del moment històric en el qual es troba immers fra Josep Serra, i que seguidament transcric de manera íntegra:

el tercero en la lista certificada es el P. fr. José Serra, natural de la Ciudad de Gerona, y de pedres muy honrados. Luego que profesó en consecuencia de haber corrido su noviciado con muestras de gran prosélito, le envio la obediència a al Real Colegio de San Lorenzo, en donde oyó Filosofia, Teología y Sagrada Escritura, no siendo inferior a sus condiscípulos en la aplicación a estas, como ni en los ejercicios que cultivó de virtudes morales y religiosas. Concluidos sus cursos literarios, volvió a su monasterio más adelantado que salió de él, y no pudiendo ocultarse las mejoras, le pìdieron sus hermanos por Vicario, y resaltando aquelles más y más en el empleo, le elevaron al de Prior. Disfrutaba este religioso ingenio amable y sin aceptación, venciendo sin violencia la dureza catalana, que suele ser como natural en toda esta nación, y así gobernó con gran tranquilidad y prudència, y mantuvo la casa en paz santa desvelándose en reparar con suavidad cualquier quiebra con que el enemigo de la quietud suele intentar aportillarla. Solícito asimismo en lo temporal y su conservación, consiguió con amabilidad y buena mano  pactar algunas transacciones que sobre ahorrar al monasterio muchas molestias, le facilito el cobro de varias pensiones anuales. Experimentado por los monjes el giro tan acertado del Priorato, se confirmaron en el juicio prudente que formaron para darle el primer sufragio, y así lo repitieron constantes, eligiéndole por segunda vez en Prior. En este segundo trienio, sin permitir se destronase el edificio espiritual de sus monjes, amplio  otras obras muy útiles a lo material del monasterio.

Reparó la torre de Horia(6) y granja de la casa; renovó el cimborrio de la sacristía y adorno esta en su interior de algunos ornamentos y otras cosas necesarias para la mayor decència al culto divino y altar. Tercera vez colocaron por Prior a este buen monje, sus hijos y hermanos, prendados de su dulce trato, sana intención y notòria prudència. Continuó durante el priorato la famosa obra del armario curioso en que colocó las santas relíquies de que abunda aquel Real Monasterio, para que tuvieren mayor culto y veneración; también fabricó en su tiempo la caja del reloj, para que sus golpes despertasen nuestra memòria y nos advirtiesen una hora más y de una hora menos en los movimientos de nuestra mortalidad. És decir una hora menos de vida y una hora más de cuenta. Hizo el terrado de sobre la sacristía; puso corriente el lagar del aceite y hubiera hecho otros muchos reparos útiles y necesarios si la cruel guerra de los franceses (3) no le hubiera cortado los vuelos y atajado sus buenos deseos.

Queda apuntado arriba(7)el saqueo inhumano que hicieron los franceses, como fuerzas infernales, en el pobre Vall de Hebron, en que ni aun indulto su maldita codicia lo sagrado, durante el cerco de Barcelona (consecuencia de su gran cristiandad, lo que en este año de 1793 (5) han practicado y practican en Estados e Iglesias de la Señoría de Gerona); también él que se repitió por los años de 1711, 1713 y 1714, cuando por la buena industria econòmica del P- Serra iba levantando la cabeza de tantos sustos, miserias y quebrantos, siendo digno de notar que no se advirtió decadència en la vida ascética y monàstica por el buen ejemplo de tal Prelado, que rebosaba en todo caridad, humildad y mansedumbre, con los que llevava los súbditos tres de sí, sin violència. Cogióle el Priorato la quarta vez (elegido con poderes de Roma por estar impedido el recurso ante nuestro P. General a causa de la guerra de Sucesión), siendo ya de cincuenta y tres años de monje; por lo mismo experimentado a fuerza de tantos golpes bélicos, y en que era notorio su imponderable sufrimiento; entendiéndose a solas con Dios en oración de la que salía lleno su rostro lleno de celestial hermosura y rosicler, y todo su corazón derramando volcanes de amor con que prendaba a todos. Fue verdaderamente don singularísimo de Dios haber dado a Vall de Hebrón  en tiempos tan calamitosos tal Prelado, adornado con la prudència de serpiente y simplicidad de paloma. Prueba evidente de estas prendas tan apreciables, no haberle abordado los azares y contratiempos para que ya que por ellos y tribulaciones de las guerres estaba impedido el paso a enviar monjes a los colegios de Castilla, lo ejecutó en el de predicadores de Barcelona (8), eligiendo en col·legiales con su Diputado a los P.P. Fr. Francisco Salvador y Fr. Antonio Rialp, de cuyos experimentados talentos y virtudes religiosas se prometían en adelante frutos abundantes en Vall de Hebrón. Y en efecto, no quedaron frustrades las esperanzas, pues salieron aventajados en letras y religión. Ni se podia esperar otras cosa de la santa compañía y angélica doctrina de los hijos de  de Sto. Domingo y hermanos de Sto. Tomás. Aunque como queda dicho en los capítulos citados, fue mucho lo que toleró Vall de Hebrón de los franceses que, como enemigos de género humano, y de Dios, ni perdonaban profano, ni sagrado; y aguanto  segundo y más doloroso azote en el cerco de Barcelona, del año de 1713, y en el asalto en que la tomaron el de 1714, apenas evacuaron las tropes imperiales el país de Barcelona, el día 9 de julio de 1713, embarcándose dicho día la mayor parte de ellas, cuando el ejército de nuestro católico Felipe V fue caminando hacia Barcelona, avistándola el 25 de dicho mes y extendiendo sus gentes de armas por la falda de la montaña hasta el Mensó Guinardó(9). Empeñóse tenazmente el genio vivo de los catalanes en sacrificar sus vidas y honres antes que assentir a las órdenes y amenazas del ejército sitiador, el Excelentísimo Sr. Duque de Populí; encedióse el fuego de manera que sufrió Barcelona un sitio de 14 meses en el que dieron los catalanes las pruebas más sólidas y constantes de su valor, y de la fidelidad a la Casa de Austria. Prendas que de haberlas empleado en servício de su legitimo Rey y señor, hubieran tenido el galardón más envidiable y feliz.

¿Cuanto tuvo  que sufrir y padecer el pobre monasterio hebronense en época tan prolongada y funesta? Estando como estan los desabrigos de la campaña y a los insultos del monte, es siempre el blanco de los que piensan torpemente que las guerres canonizan los desacatos y autorizan los hurtos. El dia cuatro de agosto empezó el monasterio a sentir las hostilidades enemiga con el saqueo del lugar de Horta, en cuyo territorio estrá Vall de Hebrón, a quien cupo  un gran latigazo que dejó a la comunidad en la más mísera (y) estrecha escasez, sin tenir otro alimento que una judías, o como dícen en catalán, frexols, tolerando sus individuos con igualdad de ánimo los penosos azares y penúries congojosas del tiempo. Instava el buen Prior a Dios noche y día acompañado de de sus hijos, le inspirase algun alivio y consuelo en semejante fatal ahogo, y en efecto se resolvió a suplicar al Duque de Populí le concedieses salvaguardia(10); coadyuvó la pretensión al Duque de Berwich(11) a instancias de su cuñado el conde de Muret, muy devoto de nuestro P. San Jerónimo y de sus monjes, y aunque era echar una carga insuportable a la pobreza del Monasterio, las tuvieron por muy ligera por poder continuar sin susto ni zozobra las alabanzas divinas. Concedióles una compañía  que se remudaba por turnos y la alojaron en las bóvedas de la bodega, cediendo la celda prioral para alojamiento del capitán. Esta providència  de salvaguardia, aunque costosa, es oportuna y aun precisa, porque así se liberta de la gente tumultuària del país, que suele ser la que en estos lances se desmanda más en el hurto y pillaje, y juntamente se dá autentico testimonio de fidelidad al Soberano legitimo. En semejantes casos es necesario que el Superior prohíba a sus subditos, con preceptos obligantes, el hablar mal ni bien de los sitiadores, sinó que todos los individuos sean unos verdaderos Harpocrates(12), y refrenando sus lenguas verdaderos religiosos, porque el natural afecto a la patria suele desahogarse en algunas expresiones o palabras menos edificantes que vienen por último a costar caro a los que las profirieron.

No olvidará jamás Vall de Hebrón a su gran P. Serra, cuya profunda humildad y mansedumbre de corazón era el caràcter que le distinguía. Con estas virtudes que aprensió de nuestro bien, Cristo, que se gloriaba de ser manso y humilde de corazón, enseñaba el buen P. Serra, y les daba a sus hijos una lección muy importante de que una virtud áspera, adusta, melancòlica, que un celo duro y amargo, que una caridad agria y poco compasiva, son falsas virtudes. Son el amor propio, el humor y el genio que toman prestada la mascarilla de una virtud, la hacen permanente, superficial, y de este modo cualquier persona o personas que aparentan profesión de Piedad de celo, de caridad, y que al mismo tiempo son inquietas, rencillosas, de mal humor, duras e indigestes, viven en un error muy grosero, si se imaginan que poseen un verdadero celo y una virtud. Es ilusión creer que es la pura caridad, que es el amor de Dios y del prójimo, quien anima este celo, cuando este pretendido celo, se desata en invectivas, en términos descompuestos y picantes, en injurias, en calumnias. Sepan estos celos, que es locura imaginar que el espíritu de Dios, y el motivo de la sabiduría de las almas, es quien les anima, cuando quieren con sus durezas exterminar al pecador. A la verdad, se le debe aborrecer el pecado, no contemporitzar con el pecado, ni adular aquel pecado; però se debe tenir entrañas de padre con el pecador. Es este un pobre enfermo, que es preciso curar, però no se ha de desaear matarle. No se debe andar con adulaciones ni paños calientes con tal enfermo, mas la caridad verdaderamente cristiana pide se condescienda con él en todo lo que puede servir para sanar-lo. Algunas veces ciertamente es preciso usar de remedios amargós y desabridos, pero ¿que artificios no emplea un médico caritativo para endulzarlos y suavizarlos? Esta era la doctrina que con su ejemplo enseñaba el religioso Serra, y por último les decía: <Hijos la señal menos equívoca de que un alma es muy poco mortificada y muy soberbia, es la falta de humildad y mansedumbre>.

Ya no podían las cansades fuerzas de este santo anciano suportar la pesada carga de tanta tragèdia como afligia a su amado monasterio, y así renuncio el penoso oficio del Prior antes de concluir el trienio. Las debilidad de su cuerpo fatigada de tantos Trabajos le postró en una cama por espacio de veinte meses que le duró la enfermedad, cuya raíz le producía unos efectos vertiginosos que le privaban totalment los sentidos, y con tan repetida continuación, que hubo día le insultaron 10,12 y 20 veces. Recibió los Santos Sacramentos con extremada devoción, con gran resignación a la divina voluntat, y con mucha paz y sosiego de su alma, la que entrego a su Divino Redentor a los 79 años de su edad, a 21 de marzo de 1718.

Tiene puesto aquella Real Comunidad a este siervo de Dios en la tabla de sus bienhechores; logra en propiedad una pensión anual de 20 libras, moneda catalana, procedentes de 400 libras de la misma moneda de una manda que le hizo su P. Gabriel Serra en su testamento. Después su hermano mayor D. Juan Bautista Serra de 50 libras de renta vitalícia, las que teniendo  depositades para urgències religiosas de la Comunidad y para desahogo de lances apretados del monasterio, y remediar sus estrecheces, se emplearon en hacer de nuevo el òrgano, que el estragó, fúria y saqueo de los franceses, en 1697, había destruido y convertido sus cañonerías y trompeteria en balas y municiones; y en otras varias urgencies de la Comunidad, se empleó el resto de libras.”

El Prior fr. Pere Serra va tenir la virtut de saber adaptar-se a les circumstàncies a la fi de la guerra de Successió, acceptant des de l’inici del setge de Barcelona de l’any 1713 com a nou rei Felip V. A canvi va rebre la protecció militar per al cenobi oferta per part dels  successius capitans generals filipistes. Aquesta actuació diplomàtica el va estalviar ensurts i possibles saquejos com els patits l’any 1697 a mans de les tropes franceses del Duc de Vendôme (Lluís Josep de Borbó).

Lluís Jordà i Roselló


NOTES

1.- Exposició. Barcelona ciutat de setges. Biblioteca de Catalunya (13.09.2018 a 15.10.2018)

2.- Conferència. Príncep Jordi de Hessen-Darmstadt (del setge de 1697 al de 1705). Biblioteca de Catalunya (9.10.2018)

3.- Edició comentada a càrrec de Francesc d’Assis Ros, pvre. Seminari Conciliar de Barcelona. Barcelona any 1950

4.- El document original es conserva a l’Arxiu històric de l’Hospital de la Santa Creu de Barcelona. Biblioteca de Catalunya. Una transcripció íntegra del Memorial, es pot trobar al bloc de l’Associació d’Amics del Monestir de Sant Jeroni de la Vall d’Hebron.

5.- NUÑEZ, Juan fr. Quinta Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo. (1676-1777). 2 Vols. Edición e Introducción de Fco. Javier Campos. Estudios Superiores del Escorial. Instituto Escurialense de Investigaciones Históricas y Artísticas. Nº 15. San Lorenzo del Escorial 1999.

6.- Torre d’Horta?

7.- Fr. Juan Nuñez, llibre I, de la cinquena part de la Historia de la Orden de San Jerónimo: “Apuntaré algo de los trabajos que experimentaron nuestros dos Monasterios de la Murtra y Vall de Hebron en lo funesto que les fue el día 14 de julio de este año de 1697. Entró en Vall de Hebrón el fervor militar (y lo mismo hicieron otras patrullas suyas en la Murtra), y les saqueó tan inhumanamente como de su codicia insaciable podia discurrirse. Quitarónle todas las provisiones que tenia de los ajuares de las oficines. Cargaron con el vino que pudieron llevar, y lo que no, derramaron por la bodega; cogieron cuanto pudieron haber a las manos. No contentos de esto repitieron el saqueo los días 9 y 10 de agosto, llevándose lo poco que había reservado la industria como fueron las bestias de carga, manteles, servilletas, sábans, colchones, cuadros, libros. Todo fue triste despojo de la codicia militar francesa, para salvar las vidas de los monjes, acordaron pedir salvaguardia, y en quince días que la tuvo el monasterio, le hicieron desembolsar el cuantioso número de 117 libras y 16 sueldos. Últimament quedó sin pan, vino, carne, ropa, alhajas, y en una palabra, pobre y desnudo. En dicho día 10 de agosto entregó el conde de Corrana, gobernador de Barcelona, esta plaza y sus  castillos al ejercito de Francia, mandado por el Duque de Vandoma, que constaba de 20.000 infantes y 5.000 caballos.

A 20 de septiembre de este mismo año de 1697 se hizo la paz denominada de Rijswick en Holanda, y se ratificó por el Rey Católico en Madrid, a 8 de octubre del mismo año. Quedaron comprendidos en ella en 9 de noviembre de este propio año el Emperador, e Imperio, el Rey Cristianísimo, el católico británico, Provincias Unidas y Cantones Suizos, aunque esta paz no gue muy ventajosa a la Francia porque se vió obligada su corona a restituir la Lorena y casi todo lo que había conquistado en los Países Bajos, en el Rin, en Cataluña, en el País de Luxemburgo y otras partes...”    

8.- Convent de pares dominics de Santa Caterina de de Barcelona.

9.- El mas Guinardó, present a moltes cròniques bèl·liques dels segles XVII i XVIII, és una de les antigues masies del Pla der Barcelona. Va donar nom al futur barri del Guinardó. Durant el setge de Barcelona de l’any 1652 fou ocupat com a comandament militar per Joan Josep d’Àustria. La capitulació de Barcelona  a la fi del setge de 1652, davant Joan Josep d’Àustria es va signar dins d’aquest mas. Hi ha referències tradicionals relatives a la presència del bandoler Perot Rocaguinarda a la casa. Fou un important indret estratègic molt utilitzat pels comandaments militars durant els segles XVII i XVIII car servia de talaia per dirigir els setges de la ciutat  de Barcelona.

Horta-Mas Guinardó-1968-Foto.C.Capdevila- Colec. Jordi Vila Traguany.

10.- El Prior Fr. Josep Serra, devia al·legar davant el duc de Pòpoli (Restaimo Cantelmo Stuart i Brancia) qui actuava com capità general de Catalunya quan s’inicià el setge de Barcelona de l’any 1713, el fet que el monestir ostentava el privilegi de salvaguarda reial des del rei Martí l’Humà, motiu pel qual devia ser protegit. Aquesta petició té una doble lectura, car suposa implícitament l’acceptació de Felip V com a únic rei que li pot oferir salvaguarda i simultàniament pressuposa que aquest és l’únic que té el dret de ser l’hereu legítim de Carles II.

11.- Quan el duc de Berwick assumí posteriorment el comandament del setge de Barcelona (1714), va mantenir el mateix posicionament  de salvaguarda reial sobre el monestir de Sant Jeroni de la Vall d’Hebron, que prèviament havia adoptat el duc de Pòpoli.


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